Solidaridad (I)
Pero, escúchame ¿Por qué vamos a preocuparnos de lo que pasa en el mundo? Si no podemos hacer nada. Sí, mueren millones de personas de hambre, hay niños que trabajan y no van a la escuela, hay guerras, hay muerte. Lo sé, pero yo no puedo salvarles, no puedo darles de comer, no puedo evitar las guerras. No soy un masoquista. ¿Tengo que sufrir por todos, si no puedo hacer nada?
Estoy todo el día trabajando, llego a casa, y quiero descansar, es lo único que pido. No quiero oír hablar de África, ni de los negritos que se mueren. ¡Tengo derecho a disfrutar un poco de la vida! Y no, no quiero oír hablar de eso. ¿Por qué me miras así? Ven, anda, y túmbate aquí. Es el único momento del día en que podemos estar juntos. Me gustaría no hablar de África ni de las miserias del mundo. Ya sé que soy un frívolo y un superficial, menos mal que has venido a salvarme. Yo también necesito que te ocupes de mí, ¿eh? No tienes que irte a África para ayudar. Si me dieras unos masajes harías la obra de tu vida. Me duele mucho la espalda. ¡Aaaaaah! ¡Qué bien lo haces! ¿A que te sientes útil ahora?
(CONTINUARÁ)
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