jueves, 11 de octubre de 2007

Mataharis

Pocas personas tienen la trayectoria de Icíar Bollaín. Desde que aparcó la actuación lleva 4 películas, como directora, que han salido por la puerta grande. Y con el título de película social a cuestas, tiene mérito.
Sus historias son entretenidas, intimistas, y profundas. Siguen la marca de Ken Loach, pero con estilo propio. Icíar se desmarca a golpe de naturalidad y sencillez. Pronostico que dentro de unos años, cuando se nos olviden muchos nombres, Icíar seguirá a la cabeza, madurándose.



La última, "Mataharis", es un portento de contención. La historia, original como pocas, tiene un potencial que daba para suspense, comedia desternillante o drama. Icíar eligió la naturalidad. Imagino que allá en Hollywood, lo transformarían en una especie de secuela de los "Angeles de Charlie". Pero Icíar evita cualquier artificio, es fiel a sí misma y no se vende al público. Hace un trabajo de calle, sin decorados, los actores no actúan y la música acompaña.
Pero hay un precio. El clímax que todos esperamos en las tres historias, Icíar lo evita con evidente pudor. Icíar nos roba esa última escena romántica (o dramática) que todos esperamos como espectadores bien enseñados. Y esto es como el azúcar, que el cuerpo te lo pide, no porque lo necesites, sino porque estás acostumbrado. Así que uno sale de la sala con un poco de mono.

Por encima de todo, me descubro ante su labor como directora de actores. Todos están "diferentes"; tienes esa rarísima sensación de que ninguno repite actuación. Especialmente irreconocible está "Antonio de la Torre". No es que esté maquillado, es que uno no se puede creer que sea el mismo macarrilla de "Azuloscurocasinegro". Y una curiosidad, la actriz María Vazquez, ¿No os parece igualita a Icíar Bollaín?

Frente a tanto escéptico del cine español, Icíar Bollaín es un motivo más para ganarse adeptos. ¡No os la perdais!

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