martes, 23 de octubre de 2007

Solidaridad (I)

Pero, escúchame ¿Por qué vamos a preocuparnos de lo que pasa en el mundo? Si no podemos hacer nada. Sí, mueren millones de personas de hambre, hay niños que trabajan y no van a la escuela, hay guerras, hay muerte. Lo sé, pero yo no puedo salvarles, no puedo darles de comer, no puedo evitar las guerras. No soy un masoquista. ¿Tengo que sufrir por todos, si no puedo hacer nada?
Estoy todo el día trabajando, llego a casa, y quiero descansar, es lo único que pido. No quiero oír hablar de África, ni de los negritos que se mueren. ¡Tengo derecho a disfrutar un poco de la vida! Y no, no quiero oír hablar de eso. ¿Por qué me miras así? Ven, anda, y túmbate aquí. Es el único momento del día en que podemos estar juntos. Me gustaría no hablar de África ni de las miserias del mundo. Ya sé que soy un frívolo y un superficial, menos mal que has venido a salvarme. Yo también necesito que te ocupes de mí, ¿eh? No tienes que irte a África para ayudar. Si me dieras unos masajes harías la obra de tu vida. Me duele mucho la espalda. ¡Aaaaaah! ¡Qué bien lo haces! ¿A que te sientes útil ahora?

(CONTINUARÁ)

lunes, 15 de octubre de 2007

Año Sankara

El expresidente Thomas Sankara murió asesinado, tal día como hoy, hace veinte años. En Burkina Faso sus compatriotas le recuerdan en la clandestinidad. En México, Francia, Suiza, Italia y Burkina Faso se celebra la caravana de la justicia. Quieren reinvindicar para los africanos y el resto del mundo la importancia de su labor. Porque la visión de Thomas Sankara sigue vigente. Ni siquiera su asesino, Compaoré, el actual dictador "democrático" de Burkina Faso, amigo del Banco Mundial y del FMI, puede borrar su memoria.

En los 80, Thomas Sankara se atrevió a decirles a los países africanos que, unidos en un frente común, dejaran de pagar la deuda externa. Pretendió una reforma agraria, la universalización de la educación, de la sanidad y la igualdad de la mujer. Thomas Sankara, pasó a convertirse en el enemigo de las potencias occidentales y sus multinacionales. Thomas Sankara murió asesinado. Y como él, Patrice Lumumba o Amilcar Cabral.

El 15 de octubre de 1987, Thomas Sankara murió asesinado, pero veinte años después, sigue presente.

jueves, 11 de octubre de 2007

Mataharis

Pocas personas tienen la trayectoria de Icíar Bollaín. Desde que aparcó la actuación lleva 4 películas, como directora, que han salido por la puerta grande. Y con el título de película social a cuestas, tiene mérito.
Sus historias son entretenidas, intimistas, y profundas. Siguen la marca de Ken Loach, pero con estilo propio. Icíar se desmarca a golpe de naturalidad y sencillez. Pronostico que dentro de unos años, cuando se nos olviden muchos nombres, Icíar seguirá a la cabeza, madurándose.



La última, "Mataharis", es un portento de contención. La historia, original como pocas, tiene un potencial que daba para suspense, comedia desternillante o drama. Icíar eligió la naturalidad. Imagino que allá en Hollywood, lo transformarían en una especie de secuela de los "Angeles de Charlie". Pero Icíar evita cualquier artificio, es fiel a sí misma y no se vende al público. Hace un trabajo de calle, sin decorados, los actores no actúan y la música acompaña.
Pero hay un precio. El clímax que todos esperamos en las tres historias, Icíar lo evita con evidente pudor. Icíar nos roba esa última escena romántica (o dramática) que todos esperamos como espectadores bien enseñados. Y esto es como el azúcar, que el cuerpo te lo pide, no porque lo necesites, sino porque estás acostumbrado. Así que uno sale de la sala con un poco de mono.

Por encima de todo, me descubro ante su labor como directora de actores. Todos están "diferentes"; tienes esa rarísima sensación de que ninguno repite actuación. Especialmente irreconocible está "Antonio de la Torre". No es que esté maquillado, es que uno no se puede creer que sea el mismo macarrilla de "Azuloscurocasinegro". Y una curiosidad, la actriz María Vazquez, ¿No os parece igualita a Icíar Bollaín?

Frente a tanto escéptico del cine español, Icíar Bollaín es un motivo más para ganarse adeptos. ¡No os la perdais!

martes, 2 de octubre de 2007

En la ciudad de Sylvia

El precio cuando se ha hecho una película magistral, es que, o todo lo que haces es una genialidad, o te conviertes en un talento perdido.
Jose Luis Guerín irrumpió en el panorama cinematográfico, hace 6 años, con un documental "En construcción", de los que arrasan en los festivales y entre el público. No un público masivo, seamos honestos, pero sí un público exigente y selectivo. El documental se ubica en el barrio del Raval, en Barcelona, un barrio "en construcción". Quién podía imaginar que hasta con ladrillos se puede hacer poesía. Pero Guerín, se convierte en el ojo observador que cataliza con la cámara no sólo los rincones que se van transformando por la actuación de las excavadoras, sino las vidas de los vecinos que allí habitan. No estamos hablando de la zona turística de Barcelona, sino de un barrio popular. Y sus protagonistas, están al márgen del futuro, de la "modernidad". Se trata de una pareja joven, un albañil, un marroquí, o de un hombre sin hogar que deambula por las calles, hablando con más lucidez que un miembro de la ONU.



Ahora, 6 años después, Guerín regresa con una esperadísima película, esta vez de ficción, que se llama "En la ciudad de Sylvia". La ciudad en cuestión, es Estrasburgo, y Guerín, como hiciera Carol Reed con Viena en "El Tercer Hombre", sabe sacar todo el esplendor y belleza a una ciudad con tranvía, en cuyas calles deambulan miles de estudiantes.

El protagonista, una especie de hombre dieciochesco, romántico hasta en la forma de vestir, nos descubre a través de su mirada, la belleza de las mujeres y de cada rincón de la ciudad. No voy a descubrir el sencillo y simple argumento de la película. Porque, para ser sinceros, tampoco tiene interés. Y ese es el mayor pecado de la película. La impecabilidad de su estética, y la dirección escénica y actoral, queda hueca por la simplicidad del contenido. Y cualquier comparación con el premiado documental, lo perjudica.
Hay que reconocer que pocos directores hubieran tenido la preparación, la pericia y la osadía de Guerín para mantener una película con silencios de quince minutos. Si el autor hubiera sido un desconocido, la película hubiera tenido cierta altura y hubiera sido recibida como una nueva promesa. Pero Guerín llevaba a cuestas todas nuestras expectativas. Demasiada carga quizás. Esperemos que Guerín siga en construcción, evolucione y muestre la complejidad y la densidad de su reconocido documental. Sea un genio o no, el talento lo tiene.