martes, 24 de abril de 2007

¿Qué tal, vecino?



He hecho un riguroso estudio estadístico desde el sofá de mi casa, acerca de cómo son las relaciones vecinales en Madrid, y en contra de lo que se dice, he llegado a la seria conclusión de que no somos iguales. La variación depende de algo tan aparentemente insignificante, como las coordenadas geográficas en que nos situemos.


Imaginemos que una mujer sufre un trastorno transitorio y sale completamente desnuda al portal de su casa. La suerte de la mujer, va a depender de si se sitúa a la derecha, a la izquierda o en el centro, independientemente de su ideología. Todo depende del eje. Bueno, algunos pensarán que influyen también otras medidas, pero recuerden que estoy hablando de un estudio riguroso.


Por ejemplo, ¿Cómo reaccionarían, en el barrio de Chamberí?
Lo más probable es que la vecina fuera un ancia
nita de 80 años, un poco encorvada por la edad y con la vista corta. No se daría cuenta hasta llegar a su lado y entonces, ahogaría un suspiro, se santiguaría horrorizada y con aire ofendido aceleraría el paso para alejarse lo mas rápido posible.

En cambio, ¿Cómo reaccionarían en el Madrid de los Austrias?
Imaginemos que las víctimas son un par de turistas americanos, que bajan distraídamente las escaleras con sus mochilas. Lo más seguro es que uno de ellos exclamara algo así como: Fuck! She´s completely naked! (traducido al castellano: "Piiii ¡Está completamente desnuda!) A lo que el amigo respondería: ¡Shit! ¡She could be a terrorist! (Traducido sería: "Piii. Podría ser una terrorista).


Imaginemos que la mujer sale desnuda en el barrio de Vallecas. Aquí hay que diferenciar; si las víctimas son un grupo de gitanos, lo más probable es que los niños la apedreen sin compasión. Y si se trata de los padres, que alguno la espante a golpetazos y gritos. ¿He dicho víctimas?


Si nos movemos un poco más al norte, entonces la cosa se enfría. En La Moraleja podría estar dando vueltas por la calle durante horas sin que hubiera un sólo movimiento en alguno de los búnkers.


Si nos vamos al sur, en el barrio de la Latina, lo más probable es que algún latino le soltase unas cuantas palabras que sonrojarían al mismísimo Casanova.


Y en mi barrio...en mi barrio probablemente caería en alguna zanja, ahogada por el ruido gallardo de las excavadoras.


En este momento del estudio llegamos a un punto de inflexión, el sofá está incómodo y las variables se ven afectadas. Mi compañera de piso me dice que se muda al otro lado del eje. Y yo le recomiendo que, en ningún caso, sufra un trastorno transitorio ni se desnude.

miércoles, 18 de abril de 2007

¿Mozart ha muerto?

Y para que vayáis conociendo mejor a Colombina, os dejo un vídeo con una de sus mejores actuaciones:





Vaya, me equivoqué de vídeo. Esta es la veterana que actuaba antes que yo. No toca mal, ¿eh? Tiene ocho añitos, no llega a los pedales y es de donde sólo pueden ser estas criaturas paranormales. Su nombre parece una melodía romántica: Aimi Kobayashi.

martes, 10 de abril de 2007

Bobby, El Buen Pastor

Robert De Niro, apenas habla con su interlocutor. Mira al suelo y de vez en cuando lo fusila con un destello de su mirada. Parece que está a punto de sacar la pistola y agujerearlo a tiros. Luego, baja la mirada y y cabecea impaciente.

Podría ser la escena de una de sus películas, pero no. Se trata del mismo De Niro, en una de las escasas entrevistas que ha concedido.

"Me gusta cuando las entrevistas son breves. ¿Hemos terminado ya?"



Ahora, "Bobby Milk", como le llamaban de niño por su extrema palidez, no se conforma con mirarnos desde el Olimpo de los actores. Bobby, ha decidido que lo que hicieron sus padrinos en el cine, Scorsese y Coppola, lo puede hacer él también. Y va muy bien encaminado, por la senda de "El Buen Pastor".



Y es que los mejores actores hicieron cola para poder trabajar con Bobby. Hasta aquellos que ya no eran actores, como Pesci, regresaron por Bobby.
¿Pero qué tiene Bobby que no tenga yo? Se preguntaron algunos por allá. Bobby, además de talento, personalidad y una intuición felina para distinguir las buenas historias de las de ahora, sacó de la funda una pequeña historia de más de 3 horas sobre la CIA, escrita por Eric Roth, el que escribió y se forró con aquello de "la vida es una caja de bombones, nunca sabes lo que te puede tocar" (Forrest Gump).
Eric Roth le entregó a Bobby uno de esos bombones fuertes, artesanales como los de antes, y de larga digestión. Bobby Milk le dio el color, y el padrino Coppola puso el dinero.


Y yo digo: ¡Bobby! ¡Guan mor taim!


You talking to me? YOU TALKING TO ME?



martes, 3 de abril de 2007

Una gran representación


Siempre es un placer recordar esos momentos brillantes, instantes de genialidad que se te ocurren de improviso durante una representación. Pero más de una vez ha ocurrido que la inspiración me llegó fuera del escenario, en momentos cotidianos, que nadie aplaudió pero que se quedaron grabados en mi memoria.


Una de esas veces, fue hace tiempo, en un descanso después de una gira, cuando tuve que trabajar para poder sobrevivir. Trabajé en una academia, pero sólo duré un mes porque mi jefa Marisa, que parecía la princesa Carolina en un desfile de moda, solía hablar como un camionero en un partido de fútbol y solía tratarme como a la pelota que había que chutar.


Yo era una de las comerciales que debía vender cursos por teléfono. Había un anuncio gancho que decía: "Profesora nativa, domicilios empresas" y se insertaba en todos los periódicos de gran tirada". Cierto día tuve que atender la llamada más sorprendente que he tenido nunca: la de un hombre que pedía una profesora de idiomas pero no quería aprender idiomas… sí, sean suspicaces.


Ese día mi jefa estaba tomando el café. Yo estaba sentada en mi mesa de trabajo, leyendo una entrevista a mi actor fetiche, el gran Benicio del Toro, cuando suena el teléfono. Descuelgo, todavía pegada a la revista porque acabo de leer que Beni ha sido nominado al Oscar.


COLOMBINA: ¿Dígame?

ANÓNIMO: Hola...esto es un servicio privado ¿no?


Yo sigo ojeando la revista, respondo como una autómata y plenamente confiada. Mi pobre experiencia de un mes, me hace creer que es un ejecutivo que quiere mejorar su inglés para el trabajo, sin que sus compañeros se enteren.


COLOMBINA: Sí, ¿Qué es lo que quería?

ANÓNIMO: Pues, quería saber si la persona viene a domicilio

COLOMBINA: Sí, a su casa particular o donde usted quiera.

ANÓNIMO: Tiene experiencia…

COLOMBINA: Sí, ya lleva muchos años. Es una profesional.

ANÓNIMO: ¿Y cuántos años tiene?

COLOMBINA: Unos treinta años

ANÓNIMO: ¿No puede ser más joven?

COLOMBINA: Sí, también. Si prefiere más joven, no hay problema.

ANÓNIMO: Me gusta que parezcan niñas.


En este instante, me despierto bruscamente del aletargamiento del día. Sacudo la cabeza y me incorporo ligeramente.


COLOMBINA: Ejem, Pero, ¿qué idioma quiere aprender?

ANÓNIMO: Me gustaría practicar el birmano

COLOMBINA: ¿El birmano?

ANÓNIMO: Sí, bueno, me gustan todos los idiomas, sobre todo el griego y el japonés.


Se me queda la boca como la de Mike Jagger. O se está riendo de mí, o se equivocó de número. ¿Qué hago? ¿Cuelgo? ¿Le sigo la corriente? ¿Lo insulto? No, ahí viene mi genialidad, esa chispa que se me encendió, que bien merecía un aplauso.


COLOMBINA: ¿Oiga?

ANÓNIMO: Sí.

COLOMBINA: Le voy a contactar con la persona directamente. Apunte su número y pregunte por Marisa; ella es la "profesora".



Naturalmente, ese hombre no volvió a llamarme, probablemente del susto, no volvería a llamar a nadie más. Marisa tampoco volvió a gritarme. Al día siguiente vino el jefe de personal a decirme que mi representación había terminado.