miércoles, 7 de noviembre de 2007

Al Gore, el ecologista

Finalmente llegó el mesías, el nuevo predicador que tanto necesitábamos. Alguien que nos diga de una vez por todas nuestros pecados y nos augure los grandes desastres ecológicos y climáticos. Se llama Albert, pero le conocemos mejor por Al Gore. Ha recorrido medio planeta con "una verdad incómoda", dirigiéndose incansablemente desde su púlpito a todos los públicos, para recordarnos que somos responsables de nuestro planeta. Sabiamente nos da las lecciones que necesitábamos y que ecologistas y científicos vienen, desde hace tiempo, repitiendo en vano: "Querido ciudadano, estás contaminando el planeta y por lo tanto, eres culpable del cambio climático. Deja de coger el coche, toma el transporte público, utiliza bombillas de bajo consumo, recicla...en definitiva, deja de contaminar".

Al Gore sabe bien de lo que habla. Ha sido vicepresidente y candidato a las elecciones del 2000 en EEUU y cuando critica y aconseja, lo hace desde la posición de un hombre comprometido y ejemplar, ecológico y pacífico. Por eso le han dado el Premio Nobel de la Paz.

Al Gore es un hombre de paz aunque durante su vicepresidencia, EEUU bombardeara Yugoslavia, Sudán, Afganistán, Irak, o Haiti, entre otros países, provocando la muerte de miles de personas y daños ambientales irreversibles. Al Gore es un ecologista comprometido aunque en su propia casa se consuma hasta 20 veces más energía que en la de una familia norteamericana de clase media.

Pero, claro, eso fue en el pasado. Ahora Al Gore ha cambiado, y con sus conferencias a 200.000€ (es ecologista pero no es tonto) está dando una buena lección al mundo entero. No le quitemos mérito, ¡Por fin nos preocupamos por el cambio climático! ¡Por fin intentamos cambiar nuestros hábitos!

¿Y cuál es la solucion que Al Gore nos propone? Los biocombustibles. Esa fantástica idea de convertir el alimento en combustible. En vez de plantar patatas o arroz para comer, ahora vamos a plantar maiz o soya para los coches. Desforestaremos bosques en África y sudamérica para plantar los nuevos cultivos transgénicos.

¡Viva Al Gore, el ecologista!

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