lunes, 21 de mayo de 2007

Silencio, Se Trova

La rosa más roja y fresca no la encontrarás en los laboratorios más sofisticados; estará escondida en el jardín de algún pueblo ignoto.

El domingo por la noche estuve con Arlequín y nuestra amiga Lucinda en los bajos del Centro Juvenil, que sirvió como escenario improvisado para que un puñado de cantautores encendiese al público, mejor que todos los triunfitos de temporada. No hizo falta alardes pirotécnicos, ni escenarios flotantes. Hizo más la devoción y el calor de ocho Sabinos en bruto, que demostraron que la palabra y la música, cuando no son de invernadero, son más rojas y más frescas.

Fue
en Silencio, Se Trova, y aquí, queridos espectadores, les dejo un ECO de aquella velada, con David Aguilar:

lunes, 7 de mayo de 2007

El camino

Será que en algún momento de nuestras vidas, todos estamos al principio de un nuevo camino. Una larga senda bordeada de árboles frutales y pájaros que nos invitan a seguir sus cantos, como las sirenas de Ulises, aunque no sabemos qué hay más allá del recodo.


Uno está con el pie al inicio del camino y un gran huevo en el estómago. La puerta de la casa, a nuestras espaldas, todavía está abierta, por si las sirenas. Y uno se pregunta qué pasará más allá de donde dobla el camino.


Una voz te aconseja que vuelvas a casa. El camino es largo y empedrado. Hace falta un buen caballo, y tú sólo tienes dos pies. Sin dinero, y sin parientes en el camino, ni llegarás ni habrá retorno, y tu Penélope se irá con otro. Otra voz se burla de ti porque cloqueas y se te ven las plumas. Para ti no habrá edén. Te quedarás en tu gallinero y serás un gallo más.


Estás en esa encrucijada y nadie puede decidir por ti. No tienes más certeza de que no eres caballo, pero tampoco quieres ser gallina. Miras al frente, donde está tu odisea y miras atrás, al calor de tu gallinero. Estás al principio del camino y, con tu huevo en el estómago, alargas la mano para arrancar una manzana de su árbol.