miércoles, 27 de junio de 2007

El aparcamiento

Ya sabemos lo complicado que es aparcar en Madrid, especialmente en los lugares donde se concentra más gente. Quien haya tenido que ir al Hospital San Carlos, sabe perfectamente de qué hablo.
Sin embargo, me contaba el otro día un taxista, parece que en dicho Hospital el problema del aparcamiento se ha solucionado.
¿Cómo?
Con una buena organización.
¿Y quién lo ha hecho?
Estoy segura de que ni en el sueño más surrealista lo adivinarían. No, no han sido la Espe, ni Gallardón, las nuevas normas de la Unión Europea ni la Constitución Europea comprimida. Han sido…..los marroquíes.



¡Horror! Estoy segura de que alguno habrá que se revuelva indignado. Algún abuelito se acordará de la guerra civil y otros recordarán las últimas protestas en Lavapiés.
Cuidado porque están sueltos, sí, y además van armados. Armados con sus móviles, papel y bolígrafo. Toman nota de cada coche que aparca, de la hora de entrada y salida; organizan las maniobras para que no queden huecos en balde; avisan por el móvil a los conductores en doble fila y, es más, si no hablas español, también hablan otros idiomas.
Algunos dirán: “¡Adónde vamos a parar!”. Pero como dijo el taxista: “Están mejor organizados que una colmena de abejas”.

viernes, 22 de junio de 2007

Ken Loach: Otro mundo es necesario

Llegué un par de horas antes del evento y me colé en la rueda de prensa. La razón es que apenas había un par de periodistas y las azafatas nos invitaron a asistir, por aquello de rellenar hueco, supongo.
Me pregunté dónde estarían los periodistas. ¿En alguna rueda de prensa de Eugenia Martínez de Irujo anunciando que se separa de su último novio?
Ken Loach llegó como un jovencito tímido y educado de 71 años, combativo como en sus películas, descargó su batería de críticas ante una audiencia que escuchaba atentamente cada palabra.
En la rueda de prensa se habló más de su trabajo como director y su permanente reivindicación social. Confesó que le gustaba el cine de Michael Moore y John Sayles, y ser admirador de la obra de Pontecorvo, entre otros.
Reconoció que cuenta aquellas historias que le conmueven, que le implican y le afectan emocionalmente, aunque no sean historias cercanas a su vida, o no esté de acuerdo con la forma en que viven los personajes.
Sobre la interpretación de sus actores, siempre tan alabada en las críticas, explicó que intenta que la vida del actor tenga alguna semejanza con el personaje, porque de esta forma consigue unas actuaciones sorprendentes.
Se despidió en la rueda de prensa mostrándose gratamente sorprendido porque “hace 12 o 13 años, cuando vine a España, todos los que me hacían preguntas eran hombres; hoy sólo son las mujeres las que me han preguntado, incluso la traductora es mujer, lo que me alegra mucho.”





En la conferencia, que estaba desbordada de gente, Ken Loach, expresivo como un niño, fue acompañado por la presidenta de la Academia de cine, Angeles Gonzalez Sinde, que demostró un conocimiento profundo y admiración sincera por Loach.
El director hizo un discurso sin interrupciones, dónde sólo se oía el murmullo de la intérprete traduciendo a Loach.
La conferencia se centró en la situación mundial actual. Recordó la guerra de Irak y la responsabilidad de Bush y Blair. Al respecto anunció con su agudo sentido del humor inglés: “Hay buenas noticias; el príncipe William no va a ir a combatir a Irak. Han decidido que es muy peligroso”. Y propuso como una buena solución que los príncipes, reyes y presidentes como Bush y Blair, marcharan a la cabeza del ejército a luchar. Veríamos qué pronto regresan a casa”.
“La guerra en Irak, dijo, nos afecta a todos. Afecta a nuestra forma de relacionarnos, de pensar, de sentir. No somos ajenos a lo que pasa en Irak.”
Destacó que “el mayor problema no es que se den respuestas incorrectas, sino que no se hacen las preguntas adecuadas. Por ejemplo, se habla de cómo debemos combatir el terrorismo pero no se preguntan primero qué es terrorismo; tratan sobre la situación en Palestina pero no se preguntan por qué Israel ocupó un territorio que no era suyo”.
Habló sobre la aplicación de la flexibilidad laboral. “En realidad quieren decir libertad para despedir. De esta forma, ya nadie tiene un trabajo seguro, todo son contratos temporales de 6 meses.”
Sin guión en la mano, habló de la situación política actual con la misma soltura y conocimiento con que luego habló sobre cine. Es claro que para Loach, cine y realidad social son inseparables.
Finalmente y como colofón, leyó un poema de Bertolt Bretcht. No encontré el original, pero sí una frase célebre que viene a ser similar: "Cuando la verdad sea demasiado débil para defenderse, tendrá que pasar al ataque"
La sala prorrumpió en un cerrado aplauso que se alargó por minutos.

A partir de ese momento comenzó la ronda de preguntas. Resultó un tanto surrealista cuando empezaron a sucederse una ronda de quejas y confesiones: “He hecho una huelga de hambre por la situación inhumana en la que están sometidos en Mauritania los inmigrantes que intentaron entrar ilegalmente en España”; “Soy actor, hice una película sin cobrar un duro y ahora el director y el productor no quieren estrenarla. Nos han explotado”; “Soy técnico de TV española, denuncio la privatización de la televisión pública por parte del PSOE y del PP. Nos están aborregando con tanto programa basura”.
Aquello parecía una tribuna de reclamaciones, más que una conferencia. Incluso hubo quejas porque el evento fue organizado por una entidad privada como Caja Madrid. Hubo también una propuesta original que dio lugar a aplausos y vítores: “La mejor manera de perjudicar al capitalismo es no consumir. De igual manera, la mejor forma de perjudicar al cine americano es no verlo.”

Terminada la conferencia, mi amigo Mike me presentó a Paul Laverty, guionista de la mayor parte de las películas de Ken Loach. Paul, casado con la directora y actriz Icíar Bollaín, lleva varios años viviendo en España. Sencillo y siempre en un segundo plano, había pasado desapercibido para casi todos los asistentes. Con total naturalidad se puso a conversar con nosotros, y nos comentó cómo habían sido sus inicios. Siendo abogado, se fue a trabajar a Nicaragua. De allí le surgió la historia para un guión, que presentó a varios directores. De todos, Ken Loach fue el único que se interesó e iniciaron el proyecto cinematográfico, que luego culminaría en lo que hoy conocemos como “La canción de Carla”. Comentó Paul, “Sí, la conferencia ha sido organizada por Caja Madrid, pero ese tipo de contradicciones suceden en la vida continuamente. Nos ha pasado más veces y es difícil evitarlo”.
Me llamó la atención ese “Nos” que utilizó Paul Laverty y que también escuché a Ken Loach en la conferencia.
Nos despedimos cuando Ken Loach se acercó para marcharse junto con Paul. Ken Loach, que me reconoció de la rueda de prensa, me saludó con una sonrisa y un gesto de mano. Y sobra decir que el resto del día estuve flotando en una nube. ¡Cielos! A decir verdad, ¡Todavía no he tocado tierra!