martes, 26 de febrero de 2008

¡Ah, Paguí!

Cumplí una de mis máximas aspiraciones de trotamundo, regresar a París.
Yo hubiera querido chapotear por el Sena, tirarme en paracaídas desde la Torre Eiffel, o comprar un cuadro de Renoir, pero en un ataque de locura decidí que quería verla a ELLA.

Siguiendo con mi línea habitual, era una de las pocas turistas que se encontraba en París, el día de los enamorados y completamente sola, sin compromiso, que dicen. Eso sí, con una sonrisa de felicidad, mirando a los atractivos parisinos que pululaban a mi alrededor: grandiosos, perfectos, fríos… y bordes, súper bordes. ¡Pero qué estilo! ¡Qué manera de llevar un abrigo y una bufanda! ¡Mon dieu!

Sola, y con lo justo para ELLA, anduve desde la Place d’Italie hasta el boulevard de Strasbourg. Hacía frío de congelador. Yo iba tapada hasta las cejas, pero las terrazas estaban atiborradas de gente.
Descubrí que es mejor preguntar direcciones a un africano o a un árabe, antes que a un parisino. Y también descubrí que los parisinos me preguntaban direcciones. ¿Me tomarán por árabe?
En cualquier caso, es aconsejable perderse por París. Hasta el barrio de las prostitutas tiene más solera que la mansión de la Duquesa de Alba.

Llegué justo a tiempo para verla a ELLA. El teatro estaba atiborrado de gente mayor. Pidieron por megafonía, que los que “todavía no hubieran apagado los móviles, que lo hicieran”.
Creo que nunca aprenderé francés. No quiero perder la emoción de imaginar qué me estarán diciendo con ese dulce y cantarín acento que tanto me excita. No quiero descubrir que sólo me están diciendo que apague el maldito móvil de una vez. En vez de eso, prefiero imaginar que me están diciendo que los bucles de mi pelo parecen las olas de un mar embravecido, o que el iris de mis ojos parece un agujero negro, por ejemplo.

ELLA, Isabelle Huppert, apareció en el escenario, pequeña, delgadísima, de un blanco transparente. Tan mala como a todos nos gusta, vengativa, burlona, contradictoria, cómica.
¡Magnifique!

Dos horas después, el público la ovacionaba como a una Sarah Berhardt y la Huppert entraba y salía del escenario a saltitos, pícara y divertida. Sólo le faltaba la piruleta a esta niña de 54 añitos, que parecía darle la trascendencia de una obra de colegio.

El regreso fue duro, la avenida estaba repleta de teatros con gente de la talla de Auteuill o John Malkovich. Y yo sin un duro. ¡Merde! Colombina, tienes que volver como sea. Vale que has visto la tumba de Moliere y Chopin, que te has pateado el Louvre y el D’Orsay y que has subido a la Torre Eiffel. Pero, ¡Mon chérie! tienes que volver porque tienes que visitarle a ÉL. Sí, sí. A ÉL.

lunes, 14 de enero de 2008

¡Año nuevo....de estreno!

Como digo todos los eneros, este año va a ser especial. Este año se va a cumplir. Por fin me servirá tomarme las doce uvas con la ropa interior roja, brindar champán y encontrar el regalo del roscón, con unos kilitos de más a mi salud.
Este año he sido sencilla, nada de pedir aumentos de sueldo, ni viajes a la China. Este año sólo pido que me financien mi película. Y me da igual quién o cómo.
Y lo digo por escrito, que si lo digo en voz alta, no se cumple. Lo divulgo por todas las ondas del planeta. Este año, el 2008, es mi año.

martes, 4 de diciembre de 2007

Recuerdos

Qué bonito es volver. Volver siempre al lugar de tus recuerdos más puros, cuando el mundo era pequeño y seguro. Y sólo existían las obligaciones de la escuela y las vacaciones. Vacaciones que eran playa, sol, verde, lluvia, juegos y nada de obligaciones. Esa libertad salvaje lejos de la vista de los padres. Esas montañas verdes, ese olor a naturaleza intacta, esas lluvias que azotaban durante toda una semana. Las comidas exquisitas de la abuela, sus cosucas, las fresas del huerto, los huevos de las gallinas, la leche recién exprimida que tenía que colar. Yo, sintiéndome inmensa corriendo por la arena de la playa. Y el agua fría que cortaba, en la marea que cada verano se llevaba un muerto. De Ris a Trengandín, por el paseo del pinar, que un día talaron para construir aquellos mansiones, que se llevaron nuestros primeros recuerdos.
De ayer a hoy tanto cambió. El mundo ya no es tan pequeño, ni tan seguro. Lejos de las montañas, se abren nuevos paraísos que descubro con estupor. Pero siempre regreso, siempre es bonito volver, a la tierra de la que estamos hechos, con nuestros ausentes que tanto dolor y tanta alegría nos dan. El horizonte sigue inalcanzable, y los sueños que allí crecieron siguen firmes. Me voy, sí, para luego regresar. Qué bonito es volver.

miércoles, 28 de noviembre de 2007

"La zona", una ficción real

Seguro que habéis visto los interminables trailers de películas donde te cuentan toda la trama, menos el final. A lo último me he dado cuenta de que todos sirven para echar a perder el trabajo del guionista y del director. La última evidencia ha sido con el trailer de la película "La zona". Hubiera pasado a ser una de tantos que vió el trailer y pasó de verla, pero siempre hay una mano amiga, alguien que se empeña en verla y como oveja que va al matadero te dispones a sacrificarte.

Lo primero que hay que aconsejar sobre "La zona" es que saques tu entrada y vayas a verla (antes de leer lo que sigue). Es buena, original, universal e intemporal. Olvidate de tus prejuicios, ya sabemos que no es americana, no hay efectos especiales, ni estrellas de renombre. Pero hay algo más importante: una buena historia bien contada y dirigida. Con la fuerza y la simbología propia de los mexicanos.
La historia transcurre en México D.F, una de las ciudades más pobladas del mundo, y con un alto índice de pobreza. En medio de ese caos de chabolas, se erige una urbanización exclusiva para ricos, rodeada de alambradas. La urbanización es como una mini ciudad, tiene sus escuelas, su propia seguridad, su propia administración, sus campos de minigolf y su policía. Nadie de fuera puede entrar sin que decenas de cámaras repartidas por toda la urbanización capten sus movimientos.
Una noche tres amigos que viven en las chabolas de fuera, consiguen entrar por casualidad en la urbanización, entran en una de las casas y mientras roban todo lo que tienen a mano, se ven sorprendidos por la dueña. En la confusión del momento, uno de ellos la mata. La criada consigue dar la alarma y pronto la policía de la urbanización se persona. Matan a dos de ellos y el más joven escapa y se pierde entre las casas de la urbanización.
Los habitantes de la urbanización se reúnen y deciden actuar al márgen de la policía. Ellos mismos darán caza al que se escapó y que sigue escondido. No se admiten disidencias, la seguridad de las familias es lo único importante, la policía de "fuera" es corrupta y no pueden confiar en ellos. Así que los hombres se arman y salen a patrullar la urbanización para dar "caza" al que se escapó.
El joven que se escapó tiene dieciséis años, está malherido, asustado y se esconde en el sótano de una de las casas. Todavía no sabe que es una presa.

La urbanización que parecía un paraíso se convierte en una cárcel de lujo donde los ricos aplican su propia ley y asesinan con el pretexto de la seguridad. Los que parecían víctimas se convierten en asesinos. Es una película, es ficción. Pero es realidad. Y es tan actual que sólo tenemos que abrir un periódico para darnos cuenta de su vigencia. Pensemos en los muros, en las patrullas costeras, en las alambradas, en la seguridad en los aeropuertos, en los Guantánamos, en las pruebas de ADN...

Una buena historia necesita un buen final. La ficción de la película nos hace una propuesta inteligente. Esperemos que la realidad siga también a la ficción y encuentre su propio final, un buen final.

lunes, 19 de noviembre de 2007

El colibrí y la flor de Silvio

Silvio Rodríguez terminó su emocionante concierto dejándome en suspiros y lágrimas. Fue este domingo memorable, en el Palacio de los Deportes. El trovador nos cantó durante casi dos horas sin descanso, con un público rendido y devoto. Él, más gordito y calvo, con su camiseta de obrero y sus pantalones viejos. Yo, más admirada y hechizada por ese torrente de voz fina, dulce y penetrante. Desde la segunda fila, quieta y silenciosa, con los cinco sentidos enfocados, me apropié de "Cita con ángeles", "El Colibrí", "Ojalá" o "Letra de piel", ajena a los miles de espectadores que coreaban, tatareaban o vitoreaban a Silvio.
Se despidió con una bella canción antigua que las madres cantaban a sus hijos, que Silvió nos cantó, y que yo les regalo a ustedes.

"El Colibrí y la flor"

Creció una flor a orillas de una fuente,
más pura que la flor de la ilusión
y el huracán tronchola de repente,
cayendo al agua la preciosa flor.

Un colibrí que en su enramaje estaba
corrió a salvarla solícito y veloz,
y cada vez que con el pico la tocaba,
sumergíase en el agua con la flor.

El colibrí la persiguió constante
sin dejar de buscarla en su aflicción
y cayendo desmayado en la corriente
corrió la misma suerte que la flor.

Así hay en este mundo seres
que la vida cuesta un tesoro.
Yo soy el colibrí si tú me quieres,
mi pasión es el torrente y tú la flor.

Y ahora, cierren los ojos y escuchen...


miércoles, 7 de noviembre de 2007

Al Gore, el ecologista

Finalmente llegó el mesías, el nuevo predicador que tanto necesitábamos. Alguien que nos diga de una vez por todas nuestros pecados y nos augure los grandes desastres ecológicos y climáticos. Se llama Albert, pero le conocemos mejor por Al Gore. Ha recorrido medio planeta con "una verdad incómoda", dirigiéndose incansablemente desde su púlpito a todos los públicos, para recordarnos que somos responsables de nuestro planeta. Sabiamente nos da las lecciones que necesitábamos y que ecologistas y científicos vienen, desde hace tiempo, repitiendo en vano: "Querido ciudadano, estás contaminando el planeta y por lo tanto, eres culpable del cambio climático. Deja de coger el coche, toma el transporte público, utiliza bombillas de bajo consumo, recicla...en definitiva, deja de contaminar".

Al Gore sabe bien de lo que habla. Ha sido vicepresidente y candidato a las elecciones del 2000 en EEUU y cuando critica y aconseja, lo hace desde la posición de un hombre comprometido y ejemplar, ecológico y pacífico. Por eso le han dado el Premio Nobel de la Paz.

Al Gore es un hombre de paz aunque durante su vicepresidencia, EEUU bombardeara Yugoslavia, Sudán, Afganistán, Irak, o Haiti, entre otros países, provocando la muerte de miles de personas y daños ambientales irreversibles. Al Gore es un ecologista comprometido aunque en su propia casa se consuma hasta 20 veces más energía que en la de una familia norteamericana de clase media.

Pero, claro, eso fue en el pasado. Ahora Al Gore ha cambiado, y con sus conferencias a 200.000€ (es ecologista pero no es tonto) está dando una buena lección al mundo entero. No le quitemos mérito, ¡Por fin nos preocupamos por el cambio climático! ¡Por fin intentamos cambiar nuestros hábitos!

¿Y cuál es la solucion que Al Gore nos propone? Los biocombustibles. Esa fantástica idea de convertir el alimento en combustible. En vez de plantar patatas o arroz para comer, ahora vamos a plantar maiz o soya para los coches. Desforestaremos bosques en África y sudamérica para plantar los nuevos cultivos transgénicos.

¡Viva Al Gore, el ecologista!

martes, 23 de octubre de 2007

Solidaridad (I)

Pero, escúchame ¿Por qué vamos a preocuparnos de lo que pasa en el mundo? Si no podemos hacer nada. Sí, mueren millones de personas de hambre, hay niños que trabajan y no van a la escuela, hay guerras, hay muerte. Lo sé, pero yo no puedo salvarles, no puedo darles de comer, no puedo evitar las guerras. No soy un masoquista. ¿Tengo que sufrir por todos, si no puedo hacer nada?
Estoy todo el día trabajando, llego a casa, y quiero descansar, es lo único que pido. No quiero oír hablar de África, ni de los negritos que se mueren. ¡Tengo derecho a disfrutar un poco de la vida! Y no, no quiero oír hablar de eso. ¿Por qué me miras así? Ven, anda, y túmbate aquí. Es el único momento del día en que podemos estar juntos. Me gustaría no hablar de África ni de las miserias del mundo. Ya sé que soy un frívolo y un superficial, menos mal que has venido a salvarme. Yo también necesito que te ocupes de mí, ¿eh? No tienes que irte a África para ayudar. Si me dieras unos masajes harías la obra de tu vida. Me duele mucho la espalda. ¡Aaaaaah! ¡Qué bien lo haces! ¿A que te sientes útil ahora?

(CONTINUARÁ)