lunes, 19 de noviembre de 2007

El colibrí y la flor de Silvio

Silvio Rodríguez terminó su emocionante concierto dejándome en suspiros y lágrimas. Fue este domingo memorable, en el Palacio de los Deportes. El trovador nos cantó durante casi dos horas sin descanso, con un público rendido y devoto. Él, más gordito y calvo, con su camiseta de obrero y sus pantalones viejos. Yo, más admirada y hechizada por ese torrente de voz fina, dulce y penetrante. Desde la segunda fila, quieta y silenciosa, con los cinco sentidos enfocados, me apropié de "Cita con ángeles", "El Colibrí", "Ojalá" o "Letra de piel", ajena a los miles de espectadores que coreaban, tatareaban o vitoreaban a Silvio.
Se despidió con una bella canción antigua que las madres cantaban a sus hijos, que Silvió nos cantó, y que yo les regalo a ustedes.

"El Colibrí y la flor"

Creció una flor a orillas de una fuente,
más pura que la flor de la ilusión
y el huracán tronchola de repente,
cayendo al agua la preciosa flor.

Un colibrí que en su enramaje estaba
corrió a salvarla solícito y veloz,
y cada vez que con el pico la tocaba,
sumergíase en el agua con la flor.

El colibrí la persiguió constante
sin dejar de buscarla en su aflicción
y cayendo desmayado en la corriente
corrió la misma suerte que la flor.

Así hay en este mundo seres
que la vida cuesta un tesoro.
Yo soy el colibrí si tú me quieres,
mi pasión es el torrente y tú la flor.

Y ahora, cierren los ojos y escuchen...


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