Recuerdos
Qué bonito es volver. Volver siempre al lugar de tus recuerdos más puros, cuando el mundo era pequeño y seguro. Y sólo existían las obligaciones de la escuela y las vacaciones. Vacaciones que eran playa, sol, verde, lluvia, juegos y nada de obligaciones. Esa libertad salvaje lejos de la vista de los padres. Esas montañas verdes, ese olor a naturaleza intacta, esas lluvias que azotaban durante toda una semana. Las comidas exquisitas de la abuela, sus cosucas, las fresas del huerto, los huevos de las gallinas, la leche recién exprimida que tenía que colar. Yo, sintiéndome inmensa corriendo por la arena de la playa. Y el agua fría que cortaba, en la marea que cada verano se llevaba un muerto. De Ris a Trengandín, por el paseo del pinar, que un día talaron para construir aquellos mansiones, que se llevaron nuestros primeros recuerdos.
De ayer a hoy tanto cambió. El mundo ya no es tan pequeño, ni tan seguro. Lejos de las montañas, se abren nuevos paraísos que descubro con estupor. Pero siempre regreso, siempre es bonito volver, a la tierra de la que estamos hechos, con nuestros ausentes que tanto dolor y tanta alegría nos dan. El horizonte sigue inalcanzable, y los sueños que allí crecieron siguen firmes. Me voy, sí, para luego regresar. Qué bonito es volver.
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