martes, 3 de abril de 2007

Una gran representación


Siempre es un placer recordar esos momentos brillantes, instantes de genialidad que se te ocurren de improviso durante una representación. Pero más de una vez ha ocurrido que la inspiración me llegó fuera del escenario, en momentos cotidianos, que nadie aplaudió pero que se quedaron grabados en mi memoria.


Una de esas veces, fue hace tiempo, en un descanso después de una gira, cuando tuve que trabajar para poder sobrevivir. Trabajé en una academia, pero sólo duré un mes porque mi jefa Marisa, que parecía la princesa Carolina en un desfile de moda, solía hablar como un camionero en un partido de fútbol y solía tratarme como a la pelota que había que chutar.


Yo era una de las comerciales que debía vender cursos por teléfono. Había un anuncio gancho que decía: "Profesora nativa, domicilios empresas" y se insertaba en todos los periódicos de gran tirada". Cierto día tuve que atender la llamada más sorprendente que he tenido nunca: la de un hombre que pedía una profesora de idiomas pero no quería aprender idiomas… sí, sean suspicaces.


Ese día mi jefa estaba tomando el café. Yo estaba sentada en mi mesa de trabajo, leyendo una entrevista a mi actor fetiche, el gran Benicio del Toro, cuando suena el teléfono. Descuelgo, todavía pegada a la revista porque acabo de leer que Beni ha sido nominado al Oscar.


COLOMBINA: ¿Dígame?

ANÓNIMO: Hola...esto es un servicio privado ¿no?


Yo sigo ojeando la revista, respondo como una autómata y plenamente confiada. Mi pobre experiencia de un mes, me hace creer que es un ejecutivo que quiere mejorar su inglés para el trabajo, sin que sus compañeros se enteren.


COLOMBINA: Sí, ¿Qué es lo que quería?

ANÓNIMO: Pues, quería saber si la persona viene a domicilio

COLOMBINA: Sí, a su casa particular o donde usted quiera.

ANÓNIMO: Tiene experiencia…

COLOMBINA: Sí, ya lleva muchos años. Es una profesional.

ANÓNIMO: ¿Y cuántos años tiene?

COLOMBINA: Unos treinta años

ANÓNIMO: ¿No puede ser más joven?

COLOMBINA: Sí, también. Si prefiere más joven, no hay problema.

ANÓNIMO: Me gusta que parezcan niñas.


En este instante, me despierto bruscamente del aletargamiento del día. Sacudo la cabeza y me incorporo ligeramente.


COLOMBINA: Ejem, Pero, ¿qué idioma quiere aprender?

ANÓNIMO: Me gustaría practicar el birmano

COLOMBINA: ¿El birmano?

ANÓNIMO: Sí, bueno, me gustan todos los idiomas, sobre todo el griego y el japonés.


Se me queda la boca como la de Mike Jagger. O se está riendo de mí, o se equivocó de número. ¿Qué hago? ¿Cuelgo? ¿Le sigo la corriente? ¿Lo insulto? No, ahí viene mi genialidad, esa chispa que se me encendió, que bien merecía un aplauso.


COLOMBINA: ¿Oiga?

ANÓNIMO: Sí.

COLOMBINA: Le voy a contactar con la persona directamente. Apunte su número y pregunte por Marisa; ella es la "profesora".



Naturalmente, ese hombre no volvió a llamarme, probablemente del susto, no volvería a llamar a nadie más. Marisa tampoco volvió a gritarme. Al día siguiente vino el jefe de personal a decirme que mi representación había terminado.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Quiero felicitarte yo también por tu blog, es ligero, original y muy ameno. Me he reído con esta historia... Te animo a seguir sorprendiéndonos.